domingo, 15 de abril de 2018

Feliz Día del Niño


Los niños son nuestra mayor fuente de sabiduría y aprendizaje.

jueves, 29 de marzo de 2018

El valor de la Empatía



La empatía es la capacidad de 'ponerse en la piel del otro', es esa complicidad emocional, esa posibilidad de captar el sentimiento de otra persona para entender cómo es y qué le sucede. Muchos pensadores creen que es el más grande de todos los valores. 

La empatía se consigue escuchando y observando mucho, y está íntimamente relacionada con la inteligencia emocional. Alguien con mucha empatía es alguien inteligente, capaz de canalizar sus emociones y las de los demás. Podemos fomentar el valor de la empatía en los niños. Utiliza cuentos, poesías, y sobre todo, tu ejemplo. 

Cuando los niños son muy pequeños piensan que todo el mundo gira alrededor suyo. Según van creciendo van comprendiendo y, lloran cuando ven que Bambi se queda sin mamá o ríen si ven alguna película graciosa y, eso ocurre, porque se identifican con los personajes y las emociones de los otros. Eso quiere decir que empiezan a desarrollar la capacidad de la empatía. Si nosotros les ayudamos a poner nombre a esas emociones, a expresar lo que les ocurre, aprenderán enseguida a ser empáticos, es decir, a preocuparse por las necesidades de los demás, a ser compresivos, por lo tanto, irán adquiriendo habilidades sociales, fundamentales para relacionarse con el resto de las personas.

Los niños aprenden con nuestro ejemplo. Si los adultos prestamos atención a las cosas que les ocurren y les hacemos ver que nos importan y tenemos en cuenta sus opiniones, con seguridad, haremos que sean empáticos con los demás. Las situaciones cotidianas son la escuela para el aprendizaje de la empatía.

Los niños empáticos son más comunicativos porque saben expresar mejor sus emociones y tienen mayor autoestima porque se sienten más seguros, por eso, es muy importante que aprendan a  escuchar y a ser observadores.

Juegos y actividades para educar a los niños en la empatía

- Recurrir a cuentos, canciones, poesías, es una buena idea para que los niños vayan aprendiendo a ser empáticos.

- Hacer teatrillos representando los personajes de un cuento, intercambiar los papeles de cada uno, es bueno para que se den cuentan de cómo se siente cada uno.

- Podemos poner unos dibujos en su habitación, en la puerta del frigorífico, etc. con unas caras mostrando diferentes emociones y, a lo largo del día, aprovechando las situaciones cotidianas, podemos pedir al niño que elija una que demuestre cómo se siente en ese momento. Así poco a poco sabrá expresar cómo se siente, tanto si está triste, alegre o enfadado, sabrá poner nombre a cada emoción y entenderá cuando la otra persona tenga esos mismos sentimientos.

Si los demás sienten que somos empáticos confiarán más en nosotros, empezando por nuestros hijos.

Para terminar os dejo una frase de Lawrence J.:  «La empatía es como dar a alguien un abrazo psicológico»



sábado, 17 de marzo de 2018

Analfabetismo emocional: cuando a nuestro cerebro le falta corazón


  
Son muchas las personas que sufren analfabetismo emocional. Son hábiles en el dominio de múltiples competencias, disponen de un sinfín de títulos y maestrías, pero hacen la misma gestión emocional que un niño de tres años. Ese aprendizaje no viene de fábrica y es lo queramos o no, una asignatura pendiente a la que deberíamos dedicar más recursos…

La mayoría de nosotros sabemos cuáles son los principios de una buena salud física, a saber: una alimentación equilibrada y lo más natural posible, algo de ejercicio, dormir cada noche entre 7 y 9 horas y realizarnos revisiones médicas periódicas para asegurarnos que todo va bien.

Sin embargo, si hay algo que descuidamos casi de forma alarmante es eso que se contiene entre nuestros oídos: el cerebro. Ahora bien, no nos referimos a ese conjunto de células nerviosas, estructuras y circunvoluciones. Hay que centrar la atención en los indicadores de nuestra salud emocional, es decir, en esa capacidad para sentir la vida y nuestras relaciones, en el estado de esa facultad para entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos…

El ser humano es mucho más que una serie de competencias lingüísticas, matemáticas o tecnológicas. Somos, por encima de todo, seres sociales y emocionales, dimensiones estas que quedan a menudo descuidadas, y hasta infravaloradas en las instituciones educativas. Porque, admitámoslo, de poco nos va a servir saber resolver una ecuación de segundo grado si somos incapaces, por ejemplo, de comunicarnos con eficacia y de empatizar con aquellos que nos rodean.


¿Qué es el analfabetismo emocional?

Sabemos que el término “analfabetismo” tiene una connotación negativa. Sin embargo, no podemos llamar de otro modo a una realidad psicosocial más que evidente. Pongamos un ejemplo, en la actualidad se habla mucho de la figura de los líderes transformadores. De personas capaces de dinamizar una organización gracias a su buen manejo de la inteligencia emocional, de la motivación, de su don para producir impacto en los demás y crear entornos donde las personas pueden hacer uso de su creatividad.

En ocasiones se venden ideas que en la realidad, brillan por su ausencia. Así, es bastante común encontrarnos con directivos o líderes empresariales incapaces, no solo de infundir inspiración a los demás, sino con una nula capacidad para controlar sus emociones, su frustración, su enfado… Son como niños de 3 años enfadados por no obtener aquello que desean, situados por completo en ese pensamiento egocéntrico definido por Piaget en su momento.

Veamos no obstante, qué dimensiones caracterizan el analfabetismo emocional.
  • Incapacidad para entender y manejar las propias emociones.
  • Dificultad para comprender las de los demás.
  • Esa falta de autoconciencia emocional los sitúa a menudo en terrenos muy sensibles. Reaccionan de forma desmedida ante cualquier problema, se sienten agobiados y superados ante cualquier dificultad, sea pequeña o grande.
  • No empatizan, son incapaces de situarse en la mirada ajena, de comprender realidades diferentes a la suya.
  • Sus habilidades sociales son muy rígidas y aunque en ocasiones pueden desenvolverse, les falta sensibilidad, asertividad y esa cercanía auténtica con la que crear lazos significativos y no solo relaciones motivadas por el interés personal.
  • Por otro lado, los costes del analfabetismo emocional pueden ser enormes: pensamiento polarizado, represión, racismo o sexismo, narcisismo, necesidad obsesiva por tener la razón. 

La importancia de educar en Inteligencia Emocional

Sabemos que es ya como un eslogan: “hay que educar en Inteligencia Emocional”, debemos entrenarnos en estas habilidades, ser más aptos en materia de emociones. Lo hemos oído hasta la saciedad, hemos leído libros, hemos hecho cursos y decimos que sí con la cabeza cada vez que se nos recuerda la importancia de tener una mayor competencia en esta habilidad.

Sin embargo, las lagunas siguen existiendo. Así, y aunque en algunos currículums educativos de ciertas escuelas ya aparece este objetivo, no podemos pasar por alto algo igual o más importante. Antes de que maestros y profesores entrenen a los niños en el dominio de sus pensamientos y emociones, también ellos deberían ser entrenados previamente.

A menudo, nosotros mismos llegamos a nuestra etapa adulta con un mundo de inseguridades. También nosotros nos levantamos cada día conscientes de que nos faltan herramientas para dominar nuestras emociones, así como ciertas habilidades para encarar mejor la adversidad. De este modo, si no empezamos en primer lugar por nosotros mismos haciendo autoconciencia de nuestro analfabetismo emocional, difícilmente tendremos ese talento para motivar a los más pequeños, para entrenarlos en empatía, asertividad o en habilidades sociales...

Una buena “alfabetización emocional” nos dota de grandes beneficios. Así, algo que aprenderemos en primer lugar es que cada emoción tiene su espacio y su utilidad, que diferenciar entre emociones “negativas” y “positivas” no siempre es acertado, porque en realidad, esos estados que a menudo tanto evitamos sentir como es la tristeza o la decepción, tienen sus espacios de conocimiento, su utilidad y su valioso significado.
De las emociones por tanto no se huye, se encaran para saber qué quieren decirnos. Es un modo sensacional de autoconocimiento que nos dota de fortalezas, que ofrece a nuestra mirada un prisma más amplio… a la vez que flexible. Por tanto, no apartemos o despreciemos la necesidad de estar “al día” en materia de emociones. Atendamos a esos mundos interiores donde saber reconocer, expresar, gestionar y transformar esos sentimientos para que fluyan siempre a nuestro favor y no en nuestra contra…


miércoles, 14 de febrero de 2018

Enseñar desde el corazón


“La enseñanza que deja huella no es la que hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”. Frase de Howard G. Hendricks, (1924-2013) – distinguido profesor y presidente del centro para el liderazgo cristiano en el Seminario Teológico de Dallas, Texas-, autor del clásico ‘Enseñando para cambiar vidas’.

Enseñar de corazón a corazón para dejar huellas, como dice Howard G. Hendricks, es trabajar desde la empatía, la validación y la disposición abierta a ser enriquecido por el otro.

Diferente a querer rellenar de conocimientos, a convencer sin dudas o a inducir comportamientos, este tipo de enseñanza, de ineludible relación con el propio aprendizaje, apunta a desarrollar la autogestión, crear competencias de gestión de la realidad, de las posibilidades  y de las relaciones, y facilitar el vuelo sin señalar el cielo a volar. 

De cabeza a cabeza se brinda información, se instala el marco a respetar, se marcan niveles y alcances desde afuera, se indican modos y formas y se busca meter en moldes.

Desde la búsqueda de llegar al corazón, generando contextos empáticos y libres de aprendizaje, alentando la creatividad y la búsqueda de modos propios, facilitando la pregunta y el cuestionamiento, sosteniendo de la mano sin intentar llevar a una única mirada, se invocarán el compromiso voluntario, el asombro , la capacidad de descubrir y se conectará con la emoción.

Para ello se hace necesario bucear en  los propios sentimientos, alentar el deseo de enseñar y no la obligación de formar, y poner la congruencia al servicio de la construcción compartida.
Porque no hay proceso de enseñanza aprendizaje mas profundo que aquel que se teje en relación.

sábado, 27 de enero de 2018

Joven con autismo tiene un coeficiente intelectual más alto que Einstein, camino al premio nobel

Joven con autismo tiene un coeficiente intelectual más alto que einstein, camino al premio nobel 

Desde pequeño, los pronósticos sobre el aprendizaje de Jacob Barnett no eran nada alentadores. Al pequeño le diagnosticaron síndrome de aspeger. Kristine Barnett, su madre, confundida pensó que no tendría oportunidades en cuanto a su aprendizaje, lo llevó a una cita con el especialista y este le dijo que debido a sus limitaciones, el niño apenas aprendería a atarse los zapatos.

Fue un pronóstico devastador que podría haber terminado tajantemente con cualquier expectativa para su futuro, sin embargo, Kristine había notado que su hijo había memorizado todas las calles dell camino al especialista.

Durante gran parte de su niñez el pequeño genio se mantuvo sin hablar, pero cuando lo hizo fue capaz de comunicarse en 4 idiomas distintos. En tan sólo dos semanas, Jacob gracias a su sorprendente memoria aprendió todo el temario de álgebra de la escuela secundaria . Al ser tan joven comenzó a asistir a clases universitarias mientras la mayoría de los chicos están aún aprendiendo lo básico de álgebra. Ahora Jacob es un respetado estudiante de maestría que trabaja en un doctorado en física cuántica. Incluso más, el académico trabaja junto con otros estudiantes universitarios, dándoles asesorías en su tiempo libre luego de clase. Su madre, tiempo atrás confundida por la condición de su hijo y su futuro incierto, ahora bromea: “yo reprobé matemáticas, sé que no vino de mí”.

Sin estar limitado a los salones de la academia, Jacob fue invitado como orador en la charla TEDx Teen en el 2013, donde expuso una asombrosa charla titulada “olvida lo que sabes”. En medio de un campo de oradores que van desde galardonados al Premio Nobel, académicos con décadas de experiencia, y líderes empresariales, la charla del chico ha pasado a ser desde entonces la tercera más popular del formato TEDx en general.





Con un CI por encima de 170, más alto que el CI estimado de Einstein, Jacob ha estado por delante de la curva estadística en cualquier disciplina, pudiendo con lo que se propone.
En una semana él aprendió por su cuenta álgebra, geometría, trigonometría y cálculo. Los profesores universitarios sorprendidos han visto al brillante alumno enfrentarse a algunos de los conceptos más desafiantes en el campo de las matemáticas avanzadas.
Es tal la pasión de Jacob por los números y las reglas que el gobierno lo llevó a la universidad de Purdue a los 9 años, en donde trabaja en la teoría de la relatividad de Einstein. más tarde, en Princeton, el profesor Scott Tremaine comentó, “ la teoría que [Jacob] trabaja involucra varios de los problemas más difíciles en astrofísica y física teórica… cualquiera que los resuelva estará en la línea hacia el Premio Nobel”.
Ahora está claro que Jacob Barnett tiene un futuro brillante. Mucho más brillante que el que podría haber esperado si su madre hubiese tomado en serio a sus maestros de escuela primaria y a su doctor. Jacob está creciendo como un joven pensante y encantador, con un tremendo potencial, incluso si es un poco lento atando sus cordones.

domingo, 21 de enero de 2018

Siempre Alegres


Enseñar a los niños la alegría y el optimismo es posible. La felicidad es un aprendizaje, depende de la propia actitud y voluntad para alcanzarla. Es fundamental educar a los hijos en ambientes positivos y alegres porque absorben el clima emocional que les rodea.
 
La familia como escuela de la felicidad

La familia es el espacio por excelencia donde se cultivan los valores y se forja la personalidad, siendo determinante para el desarrollo humano. Es en este contexto donde las personas aprenden cómo es la vida y con ello las actitudes ante ésta, siendo el optimismo el mejor camino.

Los chicos absorben como esponjas el clima emocional que pueda expresarse en el hogar. Si les mostramos con el ejemplo que alimentamos las emociones positivas, a medida que se vayan desarrollando, crecerán fortaleciéndose y dejando de ser propensos a experimentar emociones negativas, y serán ellos generadores de climas emocionales positivos y optimistas.

La enseñanza de la alegría parte de los valores como el perdón, la solidaridad, la confianza, la construcción de relaciones empáticas y el amor. También hay que transmitir a los hijos el valor de los sueños y la capacidad de sacar provecho de las situaciones difíciles.

Estrategias para educar en positivo

Las siguientes son recomendaciones a tener en cuenta en la educación de los hijos, siendo una labor constante y permanente para logre tener la incidencia necesaria en el proceso educativo:

  1. Enseñarles a los hijos a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, de las situaciones sencillas pero enriquecedoras, de los regalos que nos da la naturaleza…
  2. Invitar a los hijos a que valoren la vida con sus días de color y sus días grises, poniendo una actitud positiva y sacando provecho de las situaciones difíciles.
    Enfatizar en realizar adecuadamente los procesos, más allá de los resultados obtenidos. Hacerle mayor énfasis al esfuerzo y la perseverancia.
  3. La gratitud es una de las vías que conducen a la felicidad. Es importante enseñarles a los hijos a agradecer todo lo que reciben y que por momentos se les hacen invisibles: los alimentos, la familia, los amigos, la posibilidad de estudiar, de compartir con otros, de aprender, de respirar…
  4. La autoestima es otro elemento determinante para ser feliz. Educar a los hijos bajo el amor, la autoridad asertiva, la seguridad en ellos mismos y la auto aceptación, serán primordiales en esta misión.
  5. Brindarles las herramientas para que sepan afrontar sus propios retos, dejando que sean ellos los que resuelvan a la medida de sus posibilidades; cada edad tiene sus desafíos. Del mismo modo hay que dejar que se equivoquen y que desarrollen la capacidad para tolerar sus frustraciones.
  6. Proveer un ambiente alegre, optimista, en el que diariamente haya espacio para el juego, las risas y el humor; es tan beneficio para los adultos como para los chicos.
  7. El sentirse amado es otra de las fuentes de la felicidad. Los padres deben expresar el amor a sus hijos a través de gestos cariñosos como abrazos, besos, caricias… tanto a las hijas como a los hijos varones.
Para lograr que los hijos sean alegres y optimistas, los padres deben poner toda su voluntad para lograrlo, y cuanto más temprano comience esta labor mucho mejor. Igualmente no se debe bajar la guardia a medida que los hijos crecen; la adolescencia a pesar de ser una etapa con altibajos, es cuando los hijos más necesitan de un ambiente positivo, comprensivo y alegre.
Enseñar a los niños el optimismo y la alegría

Enseñar a los niños el optimismo y la alegria es posible. La felicidad es un aprendizaje como cualquier otro. Puesto que en gran medida, la felicidad depende de la propia actitud y voluntad para alcanzarla y no como se suele pensar que la felicidad está sujeta a factores externos. De ahí la llamada a educar a los hijos en ambientes positivos y alegres, teniendo en cuenta que son como esponjas que absorben el clima emocional que les rodea.

Leer mas: http://www.hacerfamilia.com/coach-de-familia/noticia-ensenar-ninos-optimismo-alegria-20120829114927.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.
Enseñar a los niños el optimismo y la alegría

Enseñar a los niños el optimismo y la alegria es posible. La felicidad es un aprendizaje como cualquier otro. Puesto que en gran medida, la felicidad depende de la propia actitud y voluntad para alcanzarla y no como se suele pensar que la felicidad está sujeta a factores externos. De ahí la llamada a educar a los hijos en ambientes positivos y alegres, teniendo en cuenta que son como esponjas que absorben el clima emocional que les rodea.

Leer mas: http://www.hacerfamilia.com/coach-de-familia/noticia-ensenar-ninos-optimismo-alegria-20120829114927.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

lunes, 15 de enero de 2018

Resumen libro Matilda de Roald Dahl




“Matilda” es una novela escrita por Roald Dahl, y publicado en Londres en 1988.

Trata sobre una niña especial y muy inteligente de cinco años, llamada Matilda, que aprende prematuramente a leer devorando libros en la biblioteca.

Los Wormwood, unos padres mediocres y no muy buena gente, no valoran a su hija, sólo se preocupan de ganar dinero, gastarlo en el bingo y ver la televisión. 

En la escuela, Matilda, va mucho más avanzada que sus compañeros, pero la directora, la señorita Trunchbull, se niega a trasladar a esta ingeniosa y resuelta niña a clases superiores.

Agatha Trunchbull es una persona deplorable, el mejor método educativo para ella es la intimidación y la tortura, su escuela ideal sería una en la que no hubiera niños pequeños.

Tras ser acusada injustamente, Matilda descubre que tiene una extraña habilidad, puede menear objetos con los ojos concentrando toda su rabia en ellos.

Pretendiendo indagar más sobre estos poderes, la señorita Honey la invita a su casita en mitad del bosque, donde Matilda descubre que su profesora es pobre porque, al fallecer su padre, un potentado médico, en extrañas circunstancias, su tía, una mujer horrible que la tenía aterrorizada, la convierte en su esclava y le obliga a pagarle por sus cuidados.

Cuando la señorita Honey le confiesa que su tía es la señorita Trunchbull, Matilda prepara un plan para que se haga justicia. 

Usando sus poderes, aterroriza a la directora haciéndole creer que es el fantasma de Magnus, padre de la maestra, y le exige que le devuelva a su hija Jenny todo aquello que le pertenece.

La directora nunca más vuelve a aparecer y la señorita Honey, se muda a la gran mansión familiar, recuperando todo aquello que le pertenece.

Matilda es trasladada a la clase de los de mayor edad, perdiendo sus poderes telequinésicos. 

La historia acaba cuando, los padres de Matilda deciden huir a España para evitar ser detenidos por vender coches robados. Matilda les pide quedarse a vivir con la señorita Honey con quien vivirá feliz y querida para siempre.


En el siguiente enlace se hace una presentación animada en Powtoon a modo de resumen del libro “Matilda”: